Algunos de nosotros tocamos un fondo físico.

Podría ser cualquier cosa desde una hemorragia nasal, impotencia sexual, la pérdida de sensibilidad y/o parálisis ocasional en piernas o brazos, alguna pérdida de conciencia acabando en las urgencias de un hospital, o un aneurisma cerebral o del sistema circulatorio que nos ha dejado inválidos. O podría ser finalmente nuestro reflejo demacrado en el espejo. Otros, tocamos un fondo espiritual y emocional.