Una cosa es segura, sin embargo: cada uno de nosotros que ahora admitimos libremente que somos adictos a la cocaína pensábamos que podíamos tener control cuando en realidad la cocaína nos estaba controlando: "Solo la consumo los fines de semana." o "Casi no interfiere en mi trabajo" o "Yo puedo dejarla! Es solamente una adicción psicológica, ¿verdad?" o "Solamente la esnifo. No me la fumo o me la inyecto" o "es mi matrimonio el que me tiene confundido" Muchos de nosotros todavía estamos perplejos al darnos cuenta de todo el tiempo que estuvimos así y creyendo, todavía, - tan distorsionada veíamos la realidad- que la cocaínanos daba aquello que siempre nos faltaba.
Hicimos todo lo imaginable para escapar de nosotros mismos. Las rayas se hicieron más gruesas. Los gramos desaparecían más rápidamente, hoy había consumido toda la coca que tenía para la semana. Con navajas de afeitar y cuchillas nos encontrábamos rascando las papelas y las bolsas para obtener los últimos residuos, se nos había acabado la sustancia. Llegamos a creer que estábamos en un perfecto estado de salud mental. Nada era más importante que la papela, la pipa de cristal, la aguja. Aunque usarlas nos hacía sentir miserables, tenemos que tenerlas, tenemos que usarlas. Algunos de nosotros mezclamos la cocaína con el alcohol y pastillas, y nos sentimos mejor por el momento, más al final del camino los problemas eran muchos más. Tratamos de dejar de consumir por completo, a veces lo lográbamos por cortos períodos de tiempo, pero al final siempre acabábamos consumiendo. Después de un mes sin consumir nos imaginábamos que podíamos controlar a la sustancia. Creíamos que nuestro cuerpo y mente ya estaban limpios y que podríamos consumir solo la mitad de la droga para darnos la sensación de grandeza de que podíamos controlarla. Debemos de tener mucho cuidado esta vez en no excedernos en la cantidad que habíamos planeado consumir. Pero al final la triste realidad se impuso, nos encontramos de vuelta a donde habíamos estado y en peores condiciones.

Nunca salimos de casa sin meternos coca. No hacemos el amor sin consumirla. Ni hablamos por teléfono sin ella. No podemos dormir, ni a veces respirar, sin la coca. Tratamos de cambiar de sitio de residencia, de trabajo, de amantes – creyendo que nuestra vida estaba siendo maleada por las circunstancias, los lugares y las personas. Quizás hayamos visto morir a nuestro amigo por falta de respiración por consumir coca ¡Y aún así continuamos consumiéndola!. Pero al final tenemos que enfrentarnos a la realidad. Tuvimos que admitir que la cocaína era un serio problema en nuestras vidas. QUE ERAMOS ADICTOS.